Yokasta: un cuento de Liliana Heker
“Es el cuento el
que debe fijarse en mí:
basta con que me perturbe y lo recuerde.”
Ana María Shua
“Se puede afirmar que releemos una novela
en búsqueda de
compañía, pero nos aproximamos al cuento
con un estado de
ánimo más parecido al de pascal cuando dijo:
“el silencio
eterno de los espacios infinitos me aterra”.
Frank O’Connor
Un sabor adquirido
La primera vez que encontré la frase
“un sabor adquirido” fue en la receta de un untable de castaña de cajú
fermentado con rejuvelac. Hasta la castaña de cajú todo bien; fermentado, bueno,
ya se enciende la luz de alerta. ¡Con rejuve qué! ¿Lo qué?
El rejuvelac es el líquido resultante
de la fermentación de brotes de semillas. Primero se germinan semillas después
se las fermenta en agua y voilá: rejuvelac. En la receta que estaba leyendo
aconsejaban fermentar semillas de centeno. ¿Usted ha visto semillas de centeno?
Pues yo tampoco (spoiler: con el tiempo conseguí y ahora sé dónde buscar)
cuestión que la primera tirada de rejuvelac la hice con semillas de arroz
integral. Luego supe que son de las que al fermentar producen mayor
pestilencia. Un asco. No sé cómo describirlo sin perder el estilo, digamos, olor
a pedo, literal. Pero, pero, pero, cuando procesé las castañas previamente
hidratadas y las fermenté durante 8 horas con un chorrito de ese líquido
apestoso, el resultado fue, como decirlo, magia pura, pirotecnia: primero la
untuosidad de la castaña y después el golpe de la fermentación, se paran las
papilas gustativas, como cuando probamos un buen vino y algo, no me pregunten
qué, se detona en el cerebro. Y ahí estaba un perfecto balance entre suavidad
acidez y dulzor. Si yo hubiera desistido ante el primer puñetazo que me dio la
pestilencia del rejuvelac, hoy no sabría qué es ese untable y no podría
disfrutarlo. Me habría privado de un placer. Y les vengo a proponer algo: seamos
hedonistas, no nos privemos de los placeres.
Hay cuentos que son como ese queso de
rejuvelac, hay que insistir y darles tiempo para que se sazonen y añejen,
exigen ciertos esfuerzos y paciencia, un tipo de alfabetización.
Pero antes de cualquier tipo de
mención a las reflexiones sobre el cuento (que abundan) quiero que me acompañen
a leer este de Liliana Heker. Relájese, busque un lugar donde no lo molesten
por un rato, porque como decía Poe, el cuento hay que leerlo de una sentada:
Siga este link y lea, que lo espero a
vuelta de página (o del escroleo)
Un buena ración de Poe
Cuando le preguntaban a
Eudora Welty qué significa tal o cual cuento, ella decía: “pues leelo”. El
significado de un cuento está en todas y cada una de las palabras que la
componen en el orden que tienen, en el discurrir que va de la primera oración a
la última. Los cuentos son resistentes al resumen. Por eso no vamos a resumir
este cuento, lo vamos a releer. Pero vamos a ponernos unas gafas especiales
para releer cuentos, lo heredamos de Poe:
En una reseña sobre Barnaby Rudge de Charles Dickens,
publicada en la Graham’s Magazine en febrero de 1842, leemos:
“Hemos dado, como es de
suponer, nada más que un esquema general de la historia, y para eso seguimos la
secuencia natural [de los eventos]. Es decir, hemos relacionado los hechos con
tanta exactitud como nos fue posible, en el orden en que ocurrieron. Pero este
orden, de ninguna manera, se habría ajustado a los propósitos del novelista,
cuyo plan ha sido mantener el secreto del asesinato, el misterio que rodea a
Rudge y las acciones de su esposa, hasta el momento cacastrófico en que
Heredale lo descubre. Puede considerarse entonces que la tesis de la novela se
basa en la curiosidad. Cada punto esta dispuesto para dejar perplejo al lector,
y estimular su deseo de elucidación […]
Ahora bien, no puede
quedar duda de que por tales medios como estos [nota mía: la disposición de los
eventos de manera tal que se despierte la curiosidad del lector] muchos puntos
que son comparativamente insípidos en la secuencia natural de nuestra lectura,
y que seguirían siendo insípidos comparativamente, incluso si nos los contaran
con lujo de detalles en la secuencia natural, son investidos de misterio. Pero
tampoco puede negarse que a muchos otros puntos se los priva de todo efecto, y
se vuelven nulos, porque es imposible comprenderlos sin una clave […] Pero el
lector puede corroborar fácilmente la validez de nuestra objeción. Permítasele
releer Barnaby Rudge, y ahora sí, con una comprensión previa del misterio verá
cómo estos puntos de los que hablé estallan en todas direcciones como estrellas
y arrojan un brillo cuádruple sobre la narración […]”
Cuántas veces nos habrá
pasado que leemos una novela policial o vemos una película de suspenso y a
medida que avanza la trama se plantean misterios que nos inducen a seguir
leyendo o viendo. Cuando llegamos al final descubrimos el misterio, todo
cierra. Según Charles May (el mayor experto en el cuento y en Poe de la
academia norteamericana), el gran hallazgo de Poe es que, para entender el
cuento, a diferencia de la novela, necesitamos entender el todo (reemplace el
todo por “patrón textual”, la trama, el tema) antes que las partes. Con lo de
la clave, Poe se refiere a ese momento de comprensión y a veces de epifanía en
el que brilla las partes de la trama que parecían intrascendentes. Por eso por “puntos”
vamos a entender a los eventos, elementos, personajes y frases que parecen
nulos o misteriosos y que se iluminan con el final del cuento.
¿Cuál es la clave del
misterio? La madre toca al hijo de modo inapropiado (o eso cree ella) y luego
de lo insoportable que se vuelve esa idea surge la confesión en forma de cuento.
Cómo se arma el cuento: retaceando la verdad hasta el final, o sea, se da (o
más bien se insinúa) la información más importante de manera espiralada. La narradora
nos va insinuando que algo terrible pasó, que pasó de noche, que ella no quería,
pero… cada vez que se acerca a un bordecito de la verdad huye despavorida.
Releamos Yocasta con un
lápiz imaginario en mano y marquemos los puntos que nos generan intriga y
perplejidad que cobran un nuevo sentido, ahora que sabemos el todo, la trama,
final del cuento. Yo voy a comentar lo que subrayé intentando dramatizar la
lectura.
Los puntos y su brillo
El cuento está contado
por Nora, el destinatario es Daniel. Su hijo. Pero en verdad no es el Daniel de
carne y hueso porque nos enteramos de que Daniel es un nenito y está durmiendo.
Es el Daniel de la mente de Nora. Acá hay algo raro.
Primer párrafo
En una primera lectura
necesitamos llegar a la tercera línea para entender que el pronombre “él” se
refiere a un niño esa ambigüedad momentánea, ese demorarse en el referente del
pronombre “él”, nos podría llevar a creer, momentáneamente, que se refiere a su
pareja, pero ahora que sabemos el final, este hecho adquiere un nuevo sentido:
lo que parecía un error de lectura es en verdad la segunda insinuación del
desenlace: la relación con la madre no es del todo sana. (La primera
insinuación de una tragedia está en el título: Yokasta en el mito griego es la madre
de Edipo).
“Como cualquiera”: en la
segunda lectura leemos el sentido opuesto (no son como cualquiera, no son
normales) y quizá se trate más del deseo de la narradora que una referencia
verdadera a la relación que tienen.
La frase inconclusa: no
se puede decir ni a ella misma lo que sabe. Hasta la sintaxis contribuye a
generar misterio y una atmósfera de culpa.
“Solo a mí me puede dar
asco”: en la primera lectura nos preguntamos por qué siente asco y seguimos
leyendo, en la segunda lectura ya sabemos por qué.
“Saltando sobre mi
vientre cantando hico caballito vamos a Belén”: La referencia a un juego que
juegan los adultos con los chicos se vuelve siniestra en una segunda lectura ¿quién
siente más placer jugando a cabalgar el hijo o la madre?
Luego leemos un pasaje
largo sobre que ya no va a poder besarlo ni acariciarlo. Ya no está bien
pedirle a su madre que le haga cosquillas para que se ría. Esta frase se torna
siniestra, supongo que porque sigo con una idea idílica sobre la infancia, ¿cómo
un juego de cosquillas puede tener una connotación sexual?
Hay un flashback donde
nos empezamos a enterar de lo que pasó a la tarde “al sol”.
En la segunda lectura ya sabemos
que Nora no es una narradora confiable. Entonces podemos preguntarnos si la frase
“no me saca los ojos de encima” ¿quién no le saca los ojos encima a quién?
“Ni hablarles a ellos podía, te enojabas como
si fueras. Shh.” Otra frase inconclusa: como si fueras… y nosotros reponemos:
mi amante, mi novio, mi marido, mi pareja. También Nora se vende y nos dice sin
filtro qué idea de pareja tiene: ser
pareja es celar y enojarse y demandar atención exclusiva.
“Pequeño edipito se
enfurece de que me acueste con el padre.”
Primera mención a un padre; en el resto del cuento brilla por su
ausencia.
La constante insistencia
entre lo que pasa al sol y lo que pasa a la noche: es otra pista de que algo
pasó de día y algo pasó de noche.
Hay un pasaje muy
interesante largo donde parece que la tensión que se planteó al principio (me
doy asco) es solo una tontería: “y es tonta, muy tonta por sentirse una
porquería esta noche, por haber pensado que ya no volverá a hacerte una
caricia, ni dejará que te trepes en sus brazos;” punto y coma. Bueno, podríamos
llegar a respirar, bueno quizá son solo ideas de ella que no está tan bien. Pero
la oración que sigue nos vuelve a atrapar e insinuar lo peor: “te va a poner en
un colegio y cuanto menos te vea mejor.” Y otra vez el cambio: “Mentira.” ¿pero
qué pasó? Quiero saber que perturbó tanto la mente de esta mujer
“Limpio”: ¿por qué insiste con la limpieza y
la pureza?
Segundo párrafo
En el segundo párrafo Nora
caracteriza a Daniel como un niño enamorado de su madre, y ella misma como permisiva.
“Cuando la tragedia es de
otra historia”: al final descubrimos que el cuento que se estructura como una
historia de suspenso o en base a un enigma en verdad es una tragedia.
“Todo ocupando su sitio”:
todo normal y ordenado y siguiendo un guion. Acá hay un cambio. Hasta ahora la
normalidad parecía algo que ella añoraba o al menos se plantea como una
exigencia. Pero a partir de acá vemos que normal y ordenado no tiene que ver
con lo que los demás esperan de ella. Es lo normal según Nora, todo en su sitio
según su opinión.
“Hasta lo que tenía que
venir después habría estado en su sitio.” Esta frase es intrigante y nos obliga
a seguir leyendo: qué tenía que venir después y por qué usa ese tiempo verbal
como si lo que vino después no hubiese estado en su sitio. Acá el gran delator
es el tiempo verbal del pasaje. La mitad del párrafo es la fantasía de cómo se
debieron dar las cosas según Nora: en su lugar, normal, cuando ella decidiera,
siguiendo su guion. Vuelvo al pasaje: la mitad del párrafo pasa del condicional,
a pretérito imperfecto, presente, futuro presente. El indicativo es el modo que
se usa para hablar de la verdad. Pero es que a Nora no le podemos creer ni
cuando conjuga un verbo. Por lo que sigue sabemos que Nora no es una narradora
confiable.
Graciela es la visagra
del cuento, en una primera lectura parece un personaje parte del decorado. Pero
el hecho de que esté nombrada cuando los amigos no están nombrados ni
contabilizados es un indicio de que Graciela se las trae.
Tercer párrafo
“No hay buenas noches”:
el saludo del párrafo anterior cobra un nuevo sentido, las noches no son buenas.
Nos da más indicios de que algo grave pasó y que en verdad no se trata de la
noche que tiñe todo de negro y suciedad como había dicho antes (vamos Nora, no
culpes a la noche). No, algo malo sucio incorrecto y anormal pasó. Algo que la
llegada del día no va a borrar.
Y ahí empieza el relato verdadero.
No porque haya pasado de verdad sino porque es verdad para Nora, en su mente
así se dieron las cosas entre Daniel y Graciela y desencadena las acciones de
Nora (posiblemente un abuso). Por qué Nora le cuenta esto a Daniel: se está
justificando, ella tenía que abusar de él porque si no se iba a enamorar de
Graciela. Él no le dejó otra salida. Ella le tuvo que recordar a quién desear.
Cuarto párrafo
El Daniel de la mente de
Nora toma el mando del cuento. Bien a lo Norman Bates, solo que al revés.
“Todos los hombres son
iguales.” Daniel sin dudas ocupa el lugar del amante que traiciona.
Este párrafo nos muestra
el reverso de la historia, Nora recurre a la voz de Daniel para poder decir que
fue todo al revés, que era ella la que estaba pendiente del nene, que era ella
la amante traicionada, que era ella. De ahí que el título del cuento sea
Yokasta y no Edipo.
“Va a venir hoy con más
mimos y más promesas”. El Daniel de la mente de Nora, nos confiesa que su madre
tiene, como mínimo, una conducta inapropiada con su hijo. Y hacia el final se
presenta como más desesperada, más angustiada, más sola. “Tenés que acordarte
Daniel que nos queremos tanto. Que yo soy lo mejor para vos.” Yo no sé ustedes,
pero cuando leo y releo esta parte y a pesar de lo que insinúa, del posible
abuso, siento a esa madre desesperada, desquiciada y sola, y siento lástima por
ella.
Último párrafo
Las frases finales
saturadas de incesto y abuso nos permiten, ahora sí, comprender el porqué de la
atmosfera angustiante del cuento; comprender el tamaño de la culpa de Nora.
A modo de conclusión
No les tiene que haber
gustado este cuento. No les tiene que gustar ninguno de los que vayamos a leer.
Reivindiquemos el gusto propio. Pero si la literatura es un arte, y un arte
tiene una parte inefable, y sublime también tiene otra parte terrenal que es la
técnica, la artesanía, y hay que conocerla para poder apreciarla. En eso
pensaba cuando se me vino a la mente la frase que usan los chefs: un gusto
adquirido. Como ese untable de Rejuvelac y castañas de Cajú. Es un tipo de
alfabetización específica. Y mi certeza es que el cuento al ser un tipo de
ficción diferente (a la novela) requiere de otros conocimientos, otro tipo de
lectura.
No pretendí agotar este
enorme cuento en una lectura. Voy a retomarlo en el siguiente posteo, en el que
desarrollaré algunas ideas de la teórica francesa Florence Goyet. Hasta la
próxima entrada.
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